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“…¿Quién en amor ha sido más dichoso?”

Uno de los poemas más sentidos de Sor Juana Inés de la Cruz es uno en el que relata las desdichas de enamorarse, comparando el dolor causado por el amor con el de una herida, al final tiene un instante de claridad y se da cuenta de que los tormentos de los que es víctima, son en realidad momentos que la gran mayoría, sino es que es que todos, hemos pasado.


¿Quién es el responsable de todas estas desdichas? Para los griegos el culpable era Cupido, o Eros, este personaje de la mitología, que con sus flechas y su arco se encargaba de enamorar a las personas. Muchos mortales, e incluso dioses, fueron víctimas de sus travesuras. Pero ¿qué ocurrió cuando este Dios se enamora? Una de las versiones más conocidas de esta historia es el relato que nos cuenta el escritor romano Apuleyo.


La protagonista de este mito es la joven mortal Psique, que era conocida por poseer una belleza casi divina, y como nos lo muestran otras historias, para un humano ser portador de algo “casi divino” (un don, un talento o belleza física) muchas veces no resultaba algo tan bueno, ni ventajoso, ya que esto solía provocar los celos y la envidia de los dioses. La hermosura y la admiración que causaba Psique entre los mortales despertaron la molestia de Venus, algo que empeoró cuando los humanos empezaron a llevarle ofrendas y regalos, creyendo que se trataba de la personificación de la misma diosa de la belleza.


Para castigar a la mortal que se atrevía a recibir esos obsequios en su nombre, Venus envió a su hijo, Eros, a flecharla y quedara enamorada del ser humano más feo que pudiera encontrar, pero al verla el que quedó enamorado, al percatarse de su belleza, fue el mismo Eros. Para poder vivir su amor, decidió raptarla y ocultarla de su madre, llevándola a vivir a un castillo, lejos de los dominios de la vengativa diosa. La única condición para que pudieran estar juntos era que Psique, cada noche que Eros volvía con ella, no debía ver su rostro, ella aceptó vivir en la oscuridad, sin conocer la verdadera identidad de su amante (ya saben lo que dicen: el amor es ciego).


Sin embargo, nuestra historia toma un giro, ya que, tras recibir una visita de sus hermanas, Psique siente curiosidad por saber con quién se encuentra cada noche. Finalmente, en una de esas ocasiones decide encender una lámpara para iluminar el rostro de Eros mientras éste duerme, al momento en que la joven acerca la luz a su rostro, una gota del aceite de la lámpara se derrama quemando la piel de Eros, despertándolo de su sueño. Al romperse la promesa inmediatamente todo desapareció. Psique desesperada pide ayuda a la mismísima Venus para recuperar a su amor, la diosa para cumplir con su venganza, le encarga que realice una serie de trabajos imposibles de cumplir, pero con la ayuda secreta de Eros, ella poco a poco los va cumpliendo. Una de estas tareas consistía en ir al inframundo a pedir a Proserpina un poco de su belleza, la que guardaría en una caja, que Psique debía llevar a la tierra. En su camino de regreso, motivada de nuevo por la curiosidad, abre la caja, que en realidad era una trampa, y en ese momento cae en un sueño casi mortal.


Eros, que todo el tiempo se encontraba cerca de ella, se da cuenta de lo ocurrido y en ese momento la toma entre sus brazos y le devuelve la vida con un beso. Para poder permanecer juntos, Eros pide a Zeus que convierta en inmortal a Psique, y éste conmovido por el amor que ambos se tenían, termina concediendo su petición. Este momento es el que vemos representado en este lienzo del pintor William -Adolphe Bouguereau, pintor francés de la tendencia academicista, en el que Psique aparece abrazada a Eros, dejándose llevar por el amor hacia la inmortalidad, llevando ahora sus nuevas alas de mariposa, que simbolizan el alma.



Título: El rapto de Psique

Autor: William-Adolphe Bouguereau

Fecha: 1895

Técnica: Óleo sobre lienzo

Tamaño: 209 cm × 120 cm

Localización: Colección privada




Dentro del universo de la mitología griega, y también fuera de él, no todas las historias terminan de la misma manera, y basta con que cada uno de nosotros recuerde esa historia de amor que no fue correspondido o que no tuvo un final feliz, ya sea que hayamos sido las víctimas o los victimarios. Para consolarnos un poco les comparto este otro lienzo de Bartolomeo Manfredi, en el aparece Marte castigando a azotes a Cupido, por haber denunciado sus amores con Venus, quien intenta detener la golpiza que éste le está propinando. Ciertamente comparto la idea que la violencia no soluciona nada, pero no está tan mal “un poco de cal por todas las de arena”, un poco de justicia por todas esas lágrimas que derramamos sobre nuestra almohada, por culpa de ese travieso flechador.



Título: El castigo de Cupido

Autor: Bartolomeo Manfredi

Fecha: 1605 – 1610

Técnica: Óleo sobre tela

Ubicación: Art Institute of Chicago.

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